Google

viernes, 17 de agosto de 2007

PARASHÁ SHOFTIM

Moisés instruye a los Hijos de Israel para que designen jueces y policías en sus ciudades. Se establece la prohibición de dar sobornos y también la de plantar árboles cerca del Altar Divino a la usanza de los pueblos idólatras que habitaban la tierra. Cortes para resolver conflictos serán establecidas en cada ciudad y una Suprema corte, el Sanhedrín, por cada tribu. También comanda la Torá nombrar policías para efectivizar las sentencias de los jueces. Se estipula que aun un estudioso de la Torá que se niega a acatar sentencias del Sanhedrín debe ser condenado a la máxima pena. Se establecen los derechos y obligaciones de un rey judío, quien deberá escribir dos rollos de Torá, uno de ellos para tenerlo siempre consigo y leerlo cada día a fin de temer a Di-s y evitar la soberbia; también se establece un límite para sus posesiones. Los sacerdotes y los levitas, a cargo del servicio Divino, no tienen parte en la tierra de Israel y su sustento provendrá de las ofrendas y los diezmos de todo el pueblo. Se prohíbe la práctica de toda clase de videncia, astrología, adivinaciones y espiritismo. Hashem promete enviar profetas a Israel y Moisés instruye acerca de cómo distinguir un verdadero profeta del falso.
Se crean ciudades de refugio destinadas a aquellos que matan accidentalmente para resguardarlos de la venganza de los familiares de la víctima. Se define la pena de aquel que mata intencionalmente. Se preservan los límites de las tierras de acuerdo a lo originalmente asignado, no traspasando nadie el límite de su vecino. Cuando dos testigos se confabulan para testimoniar contra un tercero para provocarle un daño, se les aplicará el mismo castigo que planearon contra su compañero inocente. Se ungirá a un Cohen (Sacerdote) cuando el pueblo vaya a la guerra para aumentar la confianza en la justicia Divina. La Torá instruye sobre los casos de hombres no calificados para ir a la guerra: aquellos que hayan construido una casa y aún no la hayan habitado, aquellos que plantaron un viñedo sin haber visto aún sus frutos y aquellos que se hayan comprometido con una mujer sin haberse aún casado; también los temerosos de corazón quedan eximidos de ir a la guerra. Se le dará siempre al enemigo la oportunidad de hacer la paz, mas si se niega, se luchará contra él. En caso de sitiar una ciudad, los árboles frutales deberán ser preservados y no cortados innecesariamente. Cuando el cuerpo de una persona muerta sea hallado en los lindes de las ciudades, los sabios de la ciudad que se encontraren más cerca del hallazgo, deberán hacer una declaración de responsabilidad y expiación por su supuesta negligencia.

EL ESTUDIO DE TORÁ CONFIERE NOBLEZA

La Torá en la perashá Shofetim ordena que el rey de Israel, luego de ascender al trono, debe escribir para él dos copias de la Torá. De acuerdo a la Guemará (Sanhedrín 21b Debarim 17:18) una copia era para ser depositada en sus estantes de Bet Genazav (su cámara de archivos atesorados), y la otra debía acompañarlo en todo momento y en todo lugar. Con esta primera acción, el rey reconocía que la Torá le había sido entregada también a él. Él no estaba por encima de la ley y la lealtad conciente a las enseñanzas de la Torá debía ser la inalterable regla de conducta para su vida.
La Torá que era guardada en su cámara servía como constante recordatorio simbólico de su obligación de adherir a los preceptos de la Torá incluso en el estricto secreto de de su vida más personal y privada. Esta Torá se erguía cual permanente testigo tanto a favor como en contra de él. Estaba para dirigir sus acciones personales, las emociones de su corazón y los profundos pensamientos de su mente ("Omek Haleb" y "Penimiut Hanefesh"). La otra Torá, que acompañaba al rey en todo momento, era un constante recordatorio de que el Todopoderoso demanda su puntillosa observancia de las mitzvot (preceptos) en todas sus relaciones interpersonales: con individuos para juzgar de acuerdo a la ley de la Torá y con el pueblo como un todo, en tiempos de paz y de guerra, tal como el Talmud declara: "Antes de salir a la guerra, debe el rey obtener permiso del Sanhedrín (la Suprema Corte) y del Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) a través de sus Urim veTumim (su pectoral) (Berajot 3b): "Y estará con él y la leerá todos los días de su vida para que aprenda a temer a Hashem su Di's, para cumplir todas las palabras de esta Torá y estos estatutos para cumplirlos correctamente (Debarim 17:19).
El versículo inmediatamente a continuación de ordenar al rey escribir las dos Torá, sucintamente establece el propósito del precepto. El Jatam Sofer interpreta de una manera única las palabras del versículo "...Y las leerá todos los días de su vida". Dice: el rey debe "leer" -"ver" en la Torá todos los acontecimientos y hechos de su vida, debe desarrollar una personalidad de Torá y un enfoque conducente a una forma de vida donde cada pensamiento, acción y palabra sean tomadas de la Torá y refleje las bases de la Torá. En resumen, la Torá debe representar la "biografía" viviente del rey. Tal como lo menciona el versículo "Y las leerá (estudiará) todos los días de su vida". Tal personalidad y forma de vida sólo puede surgir con el continuo estudio, en profundidad, de toda la Torá. La mitzvá de estudiar la Torá se aplica incluso al rey, a quien el pueblo judío debe subordinarse completamente y a quien se le ordena que deben servir con el máximo temor y reverencia (ver Sanhedrín 20b) al grado de que él no puede renunciar a ninguna exigencia de honor y respeto que se le debe.
No cabe la menor duda de que un íntegro conocimiento de Torá y una comprensión de sus conceptos son necesarios para una vida judía completa y correcta. La ignorancia de la ley de la Torá ciertamente no conduce a la piedad (Abot 2:6). Reb Simón dice: "Todos los judíos son considerados como Bené Melajim -príncipes- y de "estatura real" (Shabat 67a). Cada judío, como el rey, debe esforzarse por desarrollar una personalidad de Torá a tal grado que impregne cada aspecto de su vida. Simbólicamente la escritura de las dos Torá por el rey sirve también para recordar a cada judío de cumplir fiel y lealmente la Torá bejadré jadarim -en la privacidad de su vida personal y en sus relaciones interpersonales, socialmente y en el mundo de los negocios. Naturalmente, para una actitud de vida de Torá, el conocimiento de Torá es indispensable. De lo contrario, cualquier teoría o culto pseudo-teológico captará la fantasía del ignorante. La ignorancia es nuestro enemigo más serio. El estudio de Torá es de primordial importancia para dispersar la ignorancia y absorber sus verdades claramente revela la falacia de muchas distorsiones modernas que proliferan en la sociedad.
El Talmud dice: Organizad grupos y estudiad Torá pues la Torá se adquiere solamente a través del grupo" (Berajot 63b). Limud HaTorá -el estudio de Torá- debe ser considerado una experiencia religiosa tanto fundamental como la plegaria. Incorporando "Talmud Torá betzibur" el estudio de Torá en grupo- podemos verdaderamente triunfar en la batalla contra la ignorancia y la distorsión de la correcta forma de vida judía.