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lunes, 16 de febrero de 2009

EL CALENDARIO HEBREO


Cuando se crearon el sol y la luna fue escrito en la Torá: "Y sirvan como signos para las estaciones, los días y los años" (Génesis 1:14). Y en el libro de los Salmos está escrito: "Eres el que constituyó la luna para fijar los tiempos" (104:19). El sol y la luna son el parámetro para dividir los días, semanas y meses del ano.

Los principios del calendario

El calendario hebreo aceptado por el pueblo de Israel, está basado en la combinación de los sistemas lunar y solar en completa armonía entre un día completo, mes-lunar y ano solar.

La necesidad de utilizar este complejo método es porque la Torá nos obliga a considerar tanto el mes anual como el mes solar. Los meses del año están santificados por la Torá: "Y el primer día de cada mes ofreceréis un sacrificio al Eterno... Tal será el holocausto del principio de cada mes, todos los meses del ano" (Números 28:11) También está escrito: "Este mes será para ustedes" (exodo 12:2), nuestros sabios dijeron: "Le mostró la luna al renovarse y le dijo: cuando la luna se renueve será para ustedes principio de mes". Es por esto que nosotros fuimos obligados de fijar y santificar los meses según el novilunio. Pero junto con esto fuimos obligados a festejar de manera meticulosa que el mes de Nisán sea siempre en la primavera como está escrito: "Guardarás el mes de aviv (Nisán) y celebrarás la pascua al eterno" (Deuteronomio 15:1), y esto nos obliga a basar el ano por el sistema solar.

Para unir la diferencia entre el año lunar y el ñno solar, que provoca un desfase de aproximadamente 11 días, nuestros Sabios fijaron el "ibur" (bisiestos), que se adicionan de vez en cuando un día en el mes, y un mes cada ano (Adar II), según la necesidad.

Según el calendario hebreo, el año es a veces de doce meses, y se llama "año simple" y a veces de trece meses (se agrega Adar II) y se lo llama "año bisiesto". En el ciclo de 19 anos hay 12 años "simples" y 7 años "bisiestos" según una división parcialmente fija.

Meses "completos" y meses "incompletos

En el calendario hebreo hay meses "completos" de 30 días y meses "incompletos" de 29 días. Según esta regla: Tishrei siempre es completo, Tevet siempre es incompleto, y de aquí en más un mes completo y uno incompleto, intercaladamente. Fuera de la regla están los meses de Jeshvan y Kislev que a veces son incompletos, entonces el año es "incompleto" (353 días), a veces ambos son completos y el año es "completo" (355 días), a veces un es completo y otro incompleto, entonces el año es "regular" (354 días). Esto con respecto al año "simple", mientras que el año "bisiesto" los números difieren: un año "completo" - 385 días, un año "regular" - 384 días, un año "incompleto" 383 días.
Todos estos cálculos meticulosos no son sólo para corresponder los meses con las estaciones del año, sino también los motivos están relacionados con el cuidado de los preceptos. Así se fijó que Iom Kipur no puede coincidir, ni un día viernes ni un domingo, ya que no pueden haber dos shabatot seguidos. De la misma manera Hoshana Raba no puede coincidir con Shabat, ya que sino estaría prohibido golpear aravot. De acuerdo con esto Rosh Hashana no puede coincidir en los días domingo, miércoles y viernes.

Esta es la regla que dictamina cuando un año es "incompleto", "completo" o "regular".

Los nombres de los meses

Los nombres de los meses en el calendario hebreo son babilónicos, que trajeron los inmigrantes de Babel. De los nombres hebreos originales quedaron solamente cuatro: el mes de Primavera (Nisán), el mes del Resplandor (Iaar), el mes del Fruto (MarJershan) y el mes de la Fuerza (Tishrei). En las excavaciones de "gezer" se encontró un calendario de arcilla antigua, en el cual están tallados los meses hebreos antiguos, estos meses tiene un carácter agrícola por excelencia: el mes de la cosecha, el mes de la de la siembra, el mes de la recolección, el mes de cosechar el lino, el mes de cosechar la cebada, el mes de la vendimia y el mes de verano.

En la Biblia los meses son llamados según un orden numérico: el primer mes (Nisán), el tercer mes (Sivan), el séptimo mes (Tishrei). También en el período del segundo templo llamaban a los meses según el orden numérico de la Biblia.

La cuenta de los años

El conteo de los años en el calendario hebreo comienza con la creación del mundo, o sea hace más de 5000 años. El ano 5759, simboliza 5759 años desde la creación.

A diferencia de esto el calendario cristiano comienza desde el nacimiento de Jesús, que es el año 3760 del calendario hebreo. Una manera de calcular el año hebreo en el calendario judío es la de agregar 240 al año sin su milenio. Es decir, 779 y otros 240 daría 999, agregamos 1000 y sería 1999.

viernes, 14 de septiembre de 2007

NACIMIENTO por Mundo Digital Israelita-Digital

Desde el instante mismo de su nacimiento, el judío es portador de una tradición. Los padres, conscientes de su obligación de proporcionar afecto, conocimiento y valores, tienen la responsabilidad de conducir al niño hacia la adultez, a fin de que sea responsable consigo mismo, con su comunidad y con el Pueblo Judío. El Brit Milá, el Pidión Habén y la imposición del nombre son algunos de los ritos que enmarcan los primeros años de la vida de un judío
Rabino Chaim Raitport: “Lo más importante es el pacto que nos une a Dios” El Brit Milá o circuncisión es el primer gran evento que ocurre en la vida de un niño judío, y es a partir de ese instante que se concreta su iniciación en el compromiso con Dios, puesto que al consumarse el pacto ordenado en la Torá, el niño se vincula automáticamente con su pueblo, con su pasado, y ello lo proyecta hacia su futuro.
En palabras del rabino Chaim Raitport, reconocido mohel de la Unión Israelita de Caracas, la circuncisión “es el pacto que Dios dio a los judíos por medio de Abraham y luego lo dio de nuevo en la Torá; es un pacto que une al judío con Dios, y el judío se entrega a él”.
“Dios dijo que el hombre ha de cumplir con este mandamiento para comprobar su fe. Esto es algo que el judío lleva con él para siempre. Hay otros ritos con los que debe cumplir el judío, como ponerse la kipá; pero cuando uno se baña o va a dormir, se quita la kipá; en cambio, la circuncisión es algo que llevas contigo todo el tiempo, y esto nos recuerda nuestra condición de judíos. Es un sacrificio de nuestro propio cuerpo para enseñar que deseamos ser parte de Dios”.
El Brit Milá invita al hombre a la perfección
De una forma muy particular, el rabino Raitport explica la importancia de la circuncisión relacionándola con la necesidad de formarnos y mejorarnos cada día más para el bien común y propio, tal como Dios quiere que sea: “Una vez, un rey preguntó a un rabino: 'Si Dios es perfecto y todo lo hace perfecto, ¿por qué nosotros tratamos de mejorar a la persona con la circuncisión?'. Entonces, el rabino le invitó a su casa a cenar para explicarle la respuesta. Ese día, el rabino sirvió lentejas y semillas crudas, ante lo que el rey preguntó: '¿Esto es comida? Hace falta prepararla, cocinarla'. Entonces el rabino respondió: 'Esto lo hizo Dios también y es perfecto; sin embargo, se lo dio al hombre para que lo mejorara'. Del mismo modo, el hombre ha de buscar durante toda su vida la manera de mejorar cada día. Así lo hace con el propio cuerpo, y la persona está aquí para mejorarse a sí misma y lo que le rodea”.
“El primer gran evento en la vida de todo varón judío ha de estar enmarcado en la mente de sus padres como el pacto que su hijo hace con Dios y que lo integra a la misión de trabajar en su nombre y cumplir sus mandatos, buscando siempre superar las deficiencias y mejorarlas cada día más”.
En la Biblia se lee claramente el mandato de Dios para el Pueblo Judío, y es precisamente esa ordenación la que da inicio a la intimidad con Dios, haciéndolo parte de Él y de su obra salvadora para siempre: “Y estableceré mi pacto entre tú y Yo, y tu descendencia después de ti en todas sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti... Este es mi pacto, que guardareis entre vosotros y Yo, y tu descendencia después de ti. Será circuncidado todo varón de entre vosotros. Circuncidareis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será señal del pacto entre vosotros y Yo” (Gen. 17:7-11).
Algunas exigencias
El acto de la circuncisión, como rito, contempla una serie de leyes que han de ser respetadas; entre ellas, que al niño se le haga su Brit Milá a los ocho días de nacido. Deberá ser un rabino ducho en la materia (mohel) quien lo practique y lo más importante es que el pacto quede sellado con la gota de sangre que se deja salir en el momento de extirpar el prepucio.
Sin embargo, hay algunas consideraciones o excepciones con respecto a la obligatoriedad de circuncidar a un niño a los ocho días, que dependerán del caso, explica Raitport. “La circuncisión es obligatoria a los ocho días de nacido el niño, pero hay una cosa que dice Dios en la Torá: 'Quiero que vivas con mis mandamientos'. Es decir, Dios quiere que vivamos con esto, no que muramos con los mandamientos u obligaciones. Si un niño nace con deficiencias de salud y se le práctica la circuncisión, lo pondríamos en riesgo, así que, en esas circunstancias, a un niño no se le puede hacer la circuncisión, hasta que esté bien fuerte y sano. Lo importante es preservar la vida del niño”.
Vigencia en el tiempo
“El pacto que se hace mediante la circuncisión -explica Raitport- se practica en el Pueblo Judío desde hace más de tres mil años. Hoy el rito sigue imperando en la tradición de todas las familias judías, ortodoxas o no. El pacto que une a sus hijos con Dios e Israel es la señal de que pertenecen a Dios y le reconocen como único en su religión”.
El rabino Raitport apunta que los padres del bebé al que se le practicará el Brit Milá deben estar conscientes de la importancia de ese rito, más allá de los nervios que puedan experimentar -sobre todo la madre-, y de que el acto de la circuncisión es necesario para sellar el pacto con Dios: “Si bien la ansiedad y el nerviosismo previo son lógicos, en el Brit Milá se celebra un hecho de alegría y emoción, ya que el pequeño de la familia ya es parte de pacto de Abraham”.
Hoy en día, las comunidades judías del mundo abrazan con gran respeto la tradición del Brit Milá, conscientes de su importancia para las familias judías y para el Pueblo de Israel: cada vez que hay una nueva circuncisión, Israel obtiene un nuevo hijo; gracias al pacto con Dios, es un nuevo miembro de su comunidad y del judaísmo.
El rito y la actualidad tecnológica
Actualmente, los avances tecnológicos y médicos facilitan la continuidad de algunas tradiciones como la circuncisión. Señala el rabino Raitport: “Hoy en día se le pueden practicar todos los exámenes necesarios al niño antes de hacerle el Brit Milá y eso es positivo. Se toma en cuenta la forma del parto, si fue por cesárea o natural; y si no fue natural, se preguntan las razones. Lo primero que se hace es chequear al niño, tanto el médico como el mohel. Nosotros somos aun más estrictos que los médicos. Hay muchos niños que, después de nacer, se ponen un poco amarillos por la bilirrubina, y nosotros no practicamos la circuncisión si el niño tiene un alto nivel de bilirrubina; en cambio, los doctores no le dan mucha importancia a eso. Para nosotros es como si no estuviera completamente sano. Siempre chequeamos que el niño esté totalmente sano y fuerte”.
La ciencia ha contribuido asimismo a la esterilización de los implementos usados: “Hace años, la forma de purificar o esterilizar los instrumentos era con alcohol o algún licor, ahora existen máquinas que esterilizan, máquinas automáticas. Asimismo, hoy existen muchos medicamentos que el mohel puede tener a la mano, en caso de necesitarlos. Hoy la ciencia dice, entre otras cosas positivas, que los niños que han sido circuncidados tienen muy bajas posibilidades de sufrir de cáncer en esa parte del cuerpo. Pero he de resaltar que esto para nosotros sólo es algo adicional; es decir, es una ventaja médica de la circuncisión, pero eso no debe significar que ahora la gente se va a circuncidar para evitar el cáncer, sino que lo más importante es el aspecto religioso, el pacto que nos une a Dios y seguir lo que él nos mandó. Lo demás es añadidura”.

miércoles, 9 de mayo de 2007

MATRIMONIO

Un matrimonio judío es celebrado con gran alegría en una Comunidad Judía Liberal. Las Comunidades están autorizadas por la ley inglesa para realizar un matrimonio civil entre dos judíos.
La ceremonia del matrimonio religioso es casi idéntica a la de una comunidad tradicional con un énfasis particular en la naturaleza triangular de un matrimonio judío, con dos seres humanos en su base, y su Creador en su vértice. En un matrimonio judío los compañeros se complementan uno al otro, y se satisfacen ellos mismos, por lo que su unión es bendita y santificada por D's.
La ceremonia sólo difiere de la tradición donde concuerda con los principios del Judaísmo Liberal, por ejemplo, tanto la liturgia judía liberal como las ketubot (certificados de matrimonio) afirman el mismo status del novio y la novia.
Las comunidades del Judaísmo Liberal animan a una pareja a pensar en reunirse con su rabino local en un escenario previo de sus preparaciones para que la ceremonia religiosa llegue tanto, a tener un significado pleno, como a ser el centro de los planes de la pareja. Los rabinos del Judaísmo Liberal se deleitan conociendo a la pareja y a su familia y, de esta manera, la ceremonia de matrimonio es mucho más personal y está lle na de sentido.
En adición a la ceremonia del matrimonio mismo, el Judaísmo Liberal ofrece un Autruf como una oportunidad para la Comunidad para, públicamente, reconocer, felicitar y compartir la alegría de la boda que está por venir. Un Autruf se refiere a la llamada, tanto del novio como de la novia, a la lectura de la Tora, el Shabat previo a la boda.
Para mayor información ver "Where we stand on Jewish Marriage" del rav David Goldberg y "Guide to Jewish Marriage" del rav John D. Rayner, ambos publicados por Liberal Judaism. Liberal Judaism ha encargado una serie de ketubot , disponibles para su compra.

lunes, 9 de abril de 2007

CONVERSIÓN

El camino hacia la conversión al judaísmo liberal, conversión al judaísmo reformista, requiere un sustancial compromiso. El judaísmo liberal da la bienvenida a todos los que desean una conversión sincera a nuestra religión.
El curso, que usualmente dura unos quince meses, es dirigido por Liberal Judaism, pero se imparte localmente. El candidato primero es entrevistado por un rabino para determinar que los motivos para dicha conversión son con el propósito de abrazar la religión judía, y para ayudarle a tomar una decisión informada. Desde el judaísmo liberal insistimos en algunas lecturas preliminares y en la experiencia en la vida judía y en el culto. Usualmente el candidato asiste a los servicios de la Sinagoga, al menos tres meses antes de que se embarque en un curso formal de instrucción. El curso consiste en lecciones sobre religión judía, historia judía, literatura judía y en lengua hebrea. Durante el curso, el candidato es apoyado por la Comunidad para obtener una experiencia personal de todas las festividades judías en el ciclo anual, y a empezar a sentirse como parte de la Comunidad Judía.
Cuando el rabino proponente está satisfecho con la base de conocimiento y experiencia judíos adquiridos, al candidato se le pide que presente dos ensayos y entonces aparece ante el Rabbinic Board del judaísmo liberal, ante tres rabinos. Si ellos están satisfechos con la sinceridad del candidato, firman un certificado indicando su aprobación. El candidato tiene entonces una Ceremonia de Admisión en su nueva comunidad, en la que afirma su nuevo status de judío. El rabino proponente también firma el certificado. En el judaísmo liberal recomendamos muy encarecidamente la circuncisión en los hombres, y a todo el mundo se le aconseja desarrollar el ritual de tevilah, inmersión ritual en un Mikveh, como un modo valioso y experiencial para confirmar en uno mismo el nuevo status.
Confirmación de status.
En algunas casos, por cualquier razón, un judío puede descubrir ser judío sin previo conocimiento de este hecho, o que después de una educación no judía, quiere afirmar su identidad judía.
Trabajando con el rabino local, y participando en un curso de educación y experiencia judía, similar al descrito para el proceso de conversión, se puede solicitar la plena conversión o un Certificado de Status del Rabbinic Board, confirmando la identidad judía de la persona.