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lunes, 23 de marzo de 2009

LA SALSA DE MAMÁ

Había una vez un muchacho, bien alto, muy buen mozo. Rico, muy exigente y mañoso con la comida. Su madre estaba desespera­da, pues le compraban y preparaban las comidas más exquisitas en la casa, pero no le gustaba nada.

Una noche fue a comer a un restaurante, quería saber si existía allí algo que le gustara. Se sentó, ordenó varios platos, los probó pero ninguno le agradó. Los puso a un lado y gritó:

"¡¿Aquí, acaso, no saben cocinar?!"

Entonces, se le acercó un camarero y le dijo:

"Si quieres comer bien, yo te ayudaré. Sólo espera que termine mi trabajo y me acompañarás. Mi madre cocina muy, muy bien. Te aseguro que nunca comerás con tanto agrado como en nuestra casa."

El muchacho que siempre estaba listo para probar nuevas comidas, aceptó la invitación con muchas ganas. Esperó al mozo hasta que éste terminara su trabajo. Una vez ya fuera, el muchacho le preguntó al mozo en dónde vivía y él le contestó que muy cerca del lugar donde estaban.

Empezaron a caminar, a caminar ya caminar, escalaron ce­rros, bajaron llanuras. Después de algún tiempo, el muchacho preguntó:

"¿Estamos muy lejos todavía?"

El mozo contestó que estaban por llegar.

Continuaron caminando y, luego de dos horas o más. llegaron a la casa de la mamá del mozo. Subieron cuatro pisos y. finalmente. el muchacho que estaba muy cansado, pudo sentarse al lado de la mesa.

El mozo llamó a su madre y le dijo:

"Por favor trae un poco de la salsa que sólo tú puedes preparar."

"Con gusto, .. - dijo la mamá y se fue a la cocina y trajo una buena cantidad de salsa. El muchacho se acercó al plato y comió la salsa sin dejar ni una gota. Llamó a la mamá, agradeció la comida y le dijo:

"Señora, en toda mi vida, nunca, comí una salsa tan sabrosa como la suya. ¿Podría servirme un poco más?"

El mozo se echó a reír y le respondió al muchacho: - "La salsa es la misma que tú comiste en el restaurante, pero tú nunca te habías sentado a la mesa tan cansado y con tantas ganas de comer como ahora."