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lunes, 16 de marzo de 2009

CÓMO REB YANQUEL COMPRÓ EL VIENTO

Cuando Reb Yanquel, quien era muy pobre y vivía en una aldea de Polonia, tuvo que pagarle la renta al dueño de su casa, se vió muy afligido. No sabía qué hacer y de dónde sacar el dinero. Temía que el propietario lo mandase a la cárcel y que su familia -que D's no lo permita- pasaría hambre. En su desesperación, fue a ver al Rebe de Kotzk, en la ciudad vecina. Al llegar allí, le dijo:

"Rebe, tengo que pagar la renta anual y el dinero no me alcanza. ¿Qué puedo hacer?"

El Rebe pensaba y pensaba hasta que le dijo:

"Compra cualquier cosa que te ofrezcan en venta. Y Dios te ayudará. Excepto objetos robados, naturalmente."

Reb Yánquel se fue directamente donde el arrendador, para preguntarle si tenía algo que vender. Cuando llegó, había una gran fiesta, y éste se encontraba en el jardín rodeado de sus invitados. El dueño de la casa, al verlo, lo llamó, pero Yanquel se sintió incómodo y quiso retirarse.

El dueño de la casa, que quería burlarse de Yanquel, le pidió que se acercase y le dijo:

"Yanquel, ven acá. Quiero hacer negocios contigo."
Mientras le guiñaba el ojo a sus invitados.

"Pues, pues... quería preguntarle si tenía algo para vender" ­titubeó Yanquel.

"¡Claro que sí! Te venderé el viento."

En este momento todos los invitados que estaban rodeándolos, comenzaron a reír. Yanquel, muy avergonzado, le preguntó al dueño de la casa, cuánto costaba el viento; y él le respondió:

"Es una ganga para ti. Tan sólo cien denarios."

Yanquel. que sabía que sólo pretendía burlarse de él. prestó atención a las palabras de su apreciado Rebe. Así, decidió tratar el asunto como cualquier otro negocio.

"Bien, señor. ¿Cuáles son las condiciones de pago?" - preguntó Yanquel.

"Es muy simple: entre hoy y mañana, debes pagarme cinco denarios; y antes de cumplirse un año, los otro noventa y cinco."

"¿Firmaremos algún contrato?" - preguntó Yanquel.

"Por supuesto" - le contestó el dueño.

Llamaron a su escribano y le ordenó que redactase el contrato dónde debía decir que Zygmunt Polski le vendía al Judío Yanquel Rabinovich el viento por un plazo de diez años, contra pago de cien denarios anuales. Ambos firmaron el documento, y. sin tomar en cuenta las insistentes burlas de los invitados, Yanquel se retiró con respetuosos saludos.

Al llegar a su casa, le contó a su mujer lo sucedido. Ella pensó que se había vuelto loco su marido, pero él le explicó que había seguido el consejo del sabio Rebe.

Al día siguiente, Yanquel saltó de su cama con una idea maravillosa: decidió ir a reclamar la renta por el uso de su viento, pues él era el nuevo dueño, y todos los molinos que había en las propiedades vecinas, usaban el viento.

Tremenda sorpresa para los mol1neros. Les mostró el contrato y no pasó mucho tiempo hasta que Reb Yanquel pudo pagar los cien denarios por el viento y la renta anual de su casa. Así, esta vez el polaco rico ya no pudo burlarse de él.

El que ríe último, ríe mejor.