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domingo, 15 de junio de 2008

LA VIDA ES UN SUEÑO.Por Rav Michael Laitman


Nuestro mundo existe dentro de nosotros. Nuestros cinco sentidos reciben estímulos externos y los transmiten al cerebro, donde se procesan formando una imagen del mundo, pero no percibimos nada fuera de eso.


El universo en sí nos es desconocido. Por ejemplo, si el tímpano en mi oído está dañado, no oigo nada y el sonido no existe para mí. Percibo sólo lo que se encuentra dentro del rango en el que estoy sintonizado.


Nuestra percepción del entorno es completamente subjetiva. Captamos nuestras propias reacciones a algo que supuestamente está ocurriendo fuera de nosotros, pero ¿en realidad está sucediendo algo afuera?


Muchas teorías discuten el tema. La teoría de Newton establece que existe una realidad objetiva, que el mundo es como lo vemos y que existe a pesar de nuestra propia existencia. Más tarde, Einstein dijo que la percepción de la realidad depende de la relación entre la velocidad del observador y lo observado. Que al cambiar nuestra velocidad relativa a la de un objeto, lo observamos de una manera totalmente diferente: el espacio se deforma, se comprime o se expande, y el tiempo cambia.


Otras teorías, como el principio de incertidumbre de Heisenberg, proponen reciprocidad entre el individuo y el mundo. En pocas palabras, la percepción de la realidad es el resultado de mi influencia en el mundo y la influencia de éste en mí.


Todo fue un sueño


Los cabalistas explican que el hombre puede percibir la realidad en dos niveles que están bajo la influencia de sus atributos internos.
En el primer nivel, el atributo propio del ser humano es ``el egoísmo''. Éste nos da la sensación de estar separados de los demás y hasta nos alienta a tomar ventaja de ellos. El egoísmo es también la razón por la cual nuestra imagen de la realidad es un mundo de guerra, peleas, pobreza y corrupción.
Sin embargo, gradualmente las experiencias que tenemos en la vida nos hacen tomar conciencia que nuestra percepción egoísta no nos da una satisfacción verdadera, pues el placer siempre es pasajero.


En el segundo nivel, el más elevado, nuestro atributo interno es el amor absoluto y otorgamiento, igual que el de la fuerza de la Naturaleza. Quienes perciben el mundo de esta manera observan que los seres humanos funcionamos como piezas de un sistema único, trabajando en correspondencia mutua, creando un círculo de placer infinito.
Según la Cábala, el primer nivel es tan sólo una etapa que tenemos que atravesar, y su única finalidad es permitirnos cambiar, de manera independiente, nuestra percepción de la realidad.


Los cabalistas que aprendieron a transformar su percepción definen nuestra existencia actual como ``la vida imaginaria'' o ``la realidad imaginaria''.


En contraste, a la existencia corregida, plena y perfecta, le llaman ``la vida real'' o ``la verdadera realidad''.


Cuando reflexionaban sobre sus percepciones egoístas pasadas, decían, ``éramos como aquellos que sueñan'' (Salmo 126:1). Es decir, la verdadera realidad está oculta de nosotros, por ahora. No nos percatamos de ello porque percibimos al mundo y a nosotros mismos conforme a nuestros atributos internos que son todavía egoístas.


No advertimos que todas las personas están enlazadas entre sí como una sola porque rechazamos tal relación.


Si reemplazamos nuestro egoísmo por el atributo de la Naturaleza, amor y otorgamiento, vamos a percibir y experimentar cosas completamente diferentes a nuestro alrededor, que nunca habíamos notado.


Es más, todo lo que veíamos antes estará ahora lleno de plenitud, eternidad y tendrá un propósito determinado. Esto es a lo que los cabalistas se referían precisamente en el versículo que citamos en un número anterior: ``He visto un mundo invertido'' (Talmud Babilónico, Tracto Pesajim).


Prueba para que veas


La sabiduría de la Cábala enseña que el propósito de nuestra vida es, de manera independiente, elevarnos de esta existencia limitada a la verdadera y eterna. Para lograrlo, necesitamos los auténticos libros cabalísticos, ya que fueron escritos por quienes descubrieron la imagen verdadera de la realidad. En ellos, nos hablan de la realidad perfecta que se encuentra de hecho a nuestro alrededor. Sólo necesitamos cambiar nuestra frecuencia interna para sintonizarnos a la emisión.


Al ir leyendo sobre la verdadera realidad, la neblina gradualmente se va disipando de nuestros sentidos y se empieza a percibirla. De hecho, los cabalistas explican que no es la comprensión de los textos que cambia nuestros atributos. Aunque no se entienda, el deseo de asimilarlo armoniza nuestra percepción.


Así lo expresa Baal HaSulam en su libro Introducción al Talmud Eser Sefirot: ``Aún cuado no comprendan la lectura, el anhelo y gran deseo de entender la enseñanza despiertan en ellos las luces que rodean sus almas Por tanto, aún cuando no tengan las vasijas, al iniciarse en esta sabiduría, mencionando los nombres de las luces y vasijas relacionadas con su alma, empiezan a iluminarles en cierta medida''.


La diferencia entre nuestra percepción actual de la vida y la que podríamos alcanzar es enorme. Para describirla de alguna manera, El Libro del Zohar la compara con la diferencia entre una delgada vela de luz y una luz infinita, o con un grano de arena comparado con todo el planeta. Sin embargo, a quien realmente desea conocer lo que significa, los cabalistas le sugieren que lo vea por sí mismo: ``Prueba para que veas que el Señor es bueno'' (Salmo, 34:8).