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miércoles, 30 de mayo de 2007

PARASHA NASO por rav Gustavo Surazski

Parecido, pero Diferente
Esta semana leeremos en Parashat Nasó acerca de la inauguración del Mishkán y las donaciones que trajeron los doce príncipes de cada tribu a modo de ofrenda.
Lo extraño es que todos trajeron exactamente lo mismo como donación: una fuente y un caldero de plata llenas de harina se sémola mezclada con aceite, una cuchara de oro llena de incienso y veintiún animales diferentes para los sacrificios.
Y más extraño aun es que la Torá en lugar de sintetizar y mencionar a los doce príncipes juntos y a la donación que hicieron, los va mencionando de a uno con la correspondiente ofrenda.
En definitiva, la Parashá podría tener más o menos setenta versículos menos. Sin embargo la reiteración de las ofrendas una y otra vez la terminan transformando en la sección más extensa de toda la Torá con ciento setenta y seis versículos.
De más chico pensaba que esta Parashá podía ser la pesadilla de cualquier Baal Koré. Pero no. En realidad, la Parashá –si bien es larga- es bastante reiterativa.
¿Por qué la Torá repite doce veces lo mismo? ¿Qué sentido tiene?
La respuesta es que las doce ofrendas no eran exactamente iguales, aun cuando lo parecían.Si bien es cierto que exteriormente sí lo eran, cada una llevaba en su interior un entusiasmo y una devoción diferente propia de cada uno de los doce príncipes de Israel.
Cada momento de entrega y cada persona que entrega contiene un entusiasmo diferente.
Imaginen que cumplen años y doce de los invitados a su fiesta les regalan la misma tarjeta festiva.
Formalmente, son doce tarjetas. Pero la dedicatoria y el amor de cada uno cambian, porque cada corazón tiene un sentimiento diferente.
Es como aquellas obras de teatro que se mantienen durante veinte años en cartel. Millones de personas van a verla; muchos lo hacen más de una vez (y no interesa) porque la entrega de los artistas y las sensaciones cambian aun cuando el texto se repita letra por letra, palabra por palabra durante veinte años.
Porque aun cuando las formas nos encandilen, debemos dejarnos encandilar por los corazones. Tal como dice Pirkei Avot: Al Tistakel BaKankan, Ela BeMa SheIesh Bo.No prestes atención al cántaro; presta atención a su contenido.