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martes, 3 de abril de 2007

PESAJ. DISFRUTANDO DEL VIAJE.


Cuando relatamos la antigua historia de la Hagadah, no solamente contamos el éxodo de nuestros ancestros, nosotros mismos hacemos el viaje. A través de la parte inicial del ritual del Seder, volvemos en el tiempo a re-experimentar la amargura de la esclavitud. Colectivamente hacemos la afirmación Avadim Hayyinu, fuimos esclavos. ¡Piénsalo! Es un increíble acto radical. Empezamos el relato de la historia de nuestro pueblo de una manera totalmente distinta de otros pueblos antiguos. No clamamos por descender de una familia de alta posición, ni hay historia de orgullosos reyes o grandes ricos. En cambio, decimos, sin vergüenza, que fuimos esclavos del Faraón de Egipto.

Después, probamos las hierbas amargas y comemos el lachma anya, el pan de la aflicción. Este acto simbólico tiene dos importantes funciones. Lo primero de todo, el recuerdo de lo que significa estar oprimido nos lleva a identificarnos con aquellos que se encuentran oprimidos. Aunque esta noche es sobre nuestra lucha, nuestro viaje también se encuentra implícito sobre la lucha de los que sufren injusticias. No es un accidente que la historia del Éxodo fuera tomada por las gentes africanas que fueron vendidos como esclavos en América durante los siglos XVIII y XIX, como una narrativa de esperanza en el futuro. Ellos vieron en el viaje del pueblo judío el mismo viaje de libertad que extrañaban y que eventualmente harían. Es en reconocimiento de esta conexión experiencial que muchas comunidades judías cantan ahora “Go down Moses” como una parte de su seder ritual, de la tradición de los espirituales negros.

La segunda función de internalizar simbólicamente la amargura de la esclavitud, es para colocarnos en una mejor posición para apreciar la idea plena que la redención puede significar. Muchos de nosotros, nacidos en el mundo privilegiado, desarrollado, entiende la libertad solamente en términos que pueden llamarse “libertad para”. Tenemos libertad para expresar nuestras ideas; para vivir nuestras vidas como elijamos; para perseguir la felicidad individual. Pocos de nosotros tenemos una experiencia real, vivida de “libertad de”: libertad de los abusos de poder, del miedo o de la pobreza. Gracias a D’s es así. Pero nuestros ancestros entendieron que solamente una persona que ha tenido esa experiencia, no obstante simbólica, de la realidad del sufrimiento, puede sentir el verdadero disfrute y alivio en el mensaje de libación, de ser redimido a través de la gracia. Solamente alguien que capta el concepto de “libertad de “ puede decir, con un corazón pleno, las famosas primeras líneas de la oración Dayyeinu.”Aún si solamente nos sacaste de Egipto”, y no hubieras hecho nada más por nosotros, habría sido bastante-Dayyeinu. La alegría de la melodía que usamos oculta el serio mensaje de las palabras. Creo que somos realmente conscientes de los sentimientos que la canción expresa. Libertad, la libertad sola es bastante. Con esta interpretación, por supuesto, la Tierra prometida llega a ser la guinda del pastel. Contrario al pensamiento de los celotes judíos modernos quienes priorizan la tierra incluso sobre las bases éticas, la tierra no constituye la redención. Un pueblo libre necesita una tierra donde ser libre. Y esto es tanto cierto para Israel como para otros pueblos. Por lo mismo, encuentro que la “llegada”, per se, no es una parte integral e la quintaesencia del viaje judío. El Éxodo es lo que conformó la consciencia judía, no la conquista. La Torá misma acaba antes de que el pueblo entre y tome posesión de la tierra. Igualmente, la referencia primaria a la tierra en la Hagadah es solamente la línea final,”El próximo año en Jerusalem”.

En ambos casos, nuestros antepasados que conformaron estos textos decidieron enérgicamente donde iría el enfoque. Y en ambos casos, el enfoque no estaba en el final, no obstante de la maravilla que podamos esperar que sea, sino en el proceso de ir allí.
“El viaje” es una metáfora de la vida, y personalmente encuentro este énfasis judío en el proceso del viaje, más que en el destino. Muy a menudo en la vida, pensamos que sabemos donde vamos cuando de repente un suceso simple cambia el curso de nuestras vidas irrevocablemente. Incluso no podemos tener por cierto que alcancemos un determinado destino o meta en la vida. Incluso después de nuestras muertes, la tradición judía hace una inequívoca afirmación sobre donde iremos o cual será nuestro fin. Los más sabios de nuestros sabios nos aconsejaron no preocuparnos con el tema. Dicen que deberíamos enfocarnos en tener certeza que en demostrarnos dignos de la redención que ya hemos experimentamos. Nos animan a vivir de acuerdo a nuestras libertades, y a crecer en nuestras responsabilidades.

En este tiempo de nuestra redención, sobre nuestra festividad de libertad, pueda D’s darnos la fuerza y el coraje para mantenernos en nuestra senda colectiva e individual, y nos bendiga con la capacidad de disfrutar del viaje.

Rabbi Janet Burden
West Central Liberal Synagogue
Ealing Liberal Synagogue