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domingo, 4 de noviembre de 2007

TOLEDOT por Rav Peter Tarlow


La parahá para esta semana se llama "Toledot/Generaciones". La pueden encontrar en el Libro de Génesis 25:19-32:3. Como su nombre nos implica, la sección semanal para esta semana pone su enfoque en la vida familiar de Isaac y cambia rápidamente su enfoque desde la vida de Isaac y Rebecá hasta la vida de sus gemelos, es decir, la de Jacobo y de Esau.


Los gemelos, Esau y Jacobo no podían haber sido más distintos uno del otro. La Biblia nos dice que hasta en la matriz (útero) se pelearon. Según la tradición bíblica, Esau representa el campesino, el cazador, el fuerte que no aprende. En oposición a Esau, Jacobo nos simboliza el erudito, el hombre culto y urbano. Hasta el lector más superficial se da cuenta que las Santas Escrituras favorecen a Jacobo a pesar de su arrogancia, sus engaños y su egotismo.


Hay muchas razones dadas para explicarnos los porqués de esta parcialidad hacia Jacobo. Una razón dada es que psicológicamente hay una diferencia tremenda entre los dos hermanaos. Vemos el personaje de Esau como un personaje que no se desarrolla. Es decir, que desde el nacimiento de Esau hasta su muerte vemos en éol la misma personalidad y tendencias personales. Esau simplemente no crece intelectualmente y nunca madura. Nacido como cazador y campesino se quedará así hasta la muerte.


En cambio, Jacobo es un modelo de crecimiento y desarrollo sicológico. moral y ético. En las primeras etapas de la vida, Jacobo no es amable ni simpático. Sería aceptable clasificarlo como un niño mimado y difícil. Era ligado a su madre y en la juventud se comportaba mal. No obstante, la vida de Jacobo nos enseña que la vida en sí nunca es estancada sino dinámica. Observamos a Jacobo transformarse desde un niño difícil en un hombre que cuida a sus prójimos y llegó a ser un líder nacional.

La vida de Jacobo nos presenta una lección básica de la pedagogía. Nos dice que el cambio y el crecimiento personal son cosas necesarias, y que lo que nos define es nuestra habilidad de aprender por toda la vida. Desde el punto de vista bíblico es menos importante el nuestro punto de comienzo del viaje por la vida que el punto final. Es decir lo importante es lo que hacemos con el regalo de la vida y como progresamos por ella. La historia de Jacobo nos recuerda que el crecimiento intelectual y ético no es una sola acción sino un proceso continuo que se extiende desde el nacimiento hasta la muerte. ¿Puede ser que es por eso que lo llamas "Jacobo" significando "que se continua?"
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B'shalom u-vrachah,


In peace and blessings,

Rav Peter Tarlow