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lunes, 19 de noviembre de 2007

LA JUSTICIA SOCIAL EN LA VISIÓN JUDÍA por Adolfo Roitman (Semanario Aurora)

Unas semanas atrás se celebró en todo el mundo, y con particular énfasis en los países de América Latina, el cuadragésimo aniversario del asesinato de Ernesto ``Che'' Guevara en la selva boliviana. Tras su muerte, su figura se ha convertido en un símbolo de alcance mundial. Para sus simpatizantes, un verdadero héroe que representa la lucha contra las injusticias sociales, mientras que para sus detractores, un asesino en masa o guerrillero. Más allá de la polémica en derredor de su figura, no hay duda de que el ``Che'' se ha transformado en uno de los grandes íconos culturales del siglo XX, y su imagen, en una de las más re-producidas en todo el mundo.Como la sociedad latinoamericana en general, también los judíos latinoamericanos han sentido, y aún sienten, una verdadera fascinación por la dimensión cuasi-mitológica de su personalidad. Sin embargo, ello no debe llamarnos la atención. Desde los comienzos mismos del socialismo y del comunismo, como lo fue en el caso de Ber Borojov o de la Asociación de Trabajadores Judíos (Bund), los judíos mostraron una particular inclinación por estas ideologías. ¿Por qué este interés tan profundo de los judíos en la justicia social?
Para contestar a dicha pregunta es necesario volver a las fuentes de la civilización judía. Ya que en la Torá, el libro fundacional, el tema de la justicia social juega un rol central en su legislación.
Un ejemplo claro en este sentido es el concepto del descanso semanal o Shabat. El pueblo de Israel fue el primero en la historia humana que elaboró dicha institución, destinada a liberar al hombre (a todo hombre, sin exclusión alguna) de sus obligaciones laborales por un día: ``No hagas trabajo alguno en ese día, ni tampoco tu hijo o tu hija, ni tu esclavo o tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguno de tus animales, ni el extranjero que vive en tus ciudades, para que tu esclavo y tu esclava descansen igual que tú`` (Deuteronomio 5:14). Otra muestra del interés del legislador israelita por la justicia social lo vemos en otras regulaciones ``revolucionarias'' para la época, como ser el diezmo trienal (Deuteronomio 14:28-29) o el año sabático (Deuteronomio 15:1-11).
Según el gran filósofo judío Martin Buber, ``los primeros socialistas fueron los profetas''. Y ciertamente, cuando leemos los oráculos y discursos pronunciados por Isaías, Amós y Jeremías, no podemos dejar de sentirnos afectados por su denodada lucha en favor de los desclasados sociales. Sin duda, todavía hoy las palabras del gran profeta anónimo conocido como el Segundo Isaías (siglo VI a.e.c.) no han perdido vigencia en nuestros días: ``¿Creéis que el ayuno que me agrada consiste en afligirse, en agachar la cabeza como un junco y en acostarse entre ásperas ropas, sobre ceniza? ¿Eso es lo que vosotros llamáis ayuno y día agradable al Señor? Pues no lo es. El ayuno que a mí me agrada consiste en esto: en que rompas las cadenas de la injusticia y desates los nudos que aprietan el yugo; en que dejes libres a los oprimidos y acabes con toda tiranía; en que compartas tu pan con el hambriento y recibas en tu casa al pobre sin techo; en que vistas al que no tiene ropa y no dejes de socorrer a tus semejantes'' (Isaías 58:5-7).
Esta pasión denodada por la justicia social presente en los profetas tuvo su continuidad en otros períodos de la historia judía. Uno de los grandes luchadores en pro de los desclasados fue sin lugar a dudas Jesús el Galileo. Este profeta apocalíptico trajo un mensaje de esperanza a los judíos de su época, principalmente a los desposeídos y marginados sociales: ``Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios'' (Lucas 6:20). Su interés genuino por los carenciados no lo llevó, como algunos lo interpretan hoy en una lectura ``tercermundista'', a encabezar una revuelta social. Sino, por el contrario, el Jesús histórico habría promovido una ideología de carácter pietista, según la cual es recomendable no acumular bienes sino venderlos y hacer limosnas (Lucas 12:33-34).
También la secta judía de los esenios, un movimiento existente en la tierra de Israel durante la época greco-romana (siglos II a.e.c.-siglo I e.c.), sintió una particular atracción por la vida sencilla, desprovista de lujos y riquezas. Pero a los efectos de contrarrestar la injusticia social de la época, y la brecha existente entre pobres y ricos, concibieron un modelo novedoso de vida. Según nos lo cuenta el historiador judío Flavio Josefo: ``desprecian la riqueza y practican entre ellos un maravilloso espíritu de comunidad. Ninguno de ellos es más rico que otro. porque su ley prescribe que los adherentes de su secta deben entregar todos sus bienes a la corporación, de modo que no hay entre ellos ni las estrecheces de la pobreza ni la vanidad de la riqueza; la comunidad de los bienes da a todos un patrimonio único, como si fueran hermanos'' (La guerra de los judíos II).
Como puede verse entonces, muchos siglos antes del socialismo europeo y de la aparición de los kibutzim, ya los esenios, como naturales herederos de la tradición bíblica, habían desarrollado una nueva estrategia destinada a paliar las injusticias sociales, en un mundo en el cual no existía el ``Seguro Nacional'' o el ``Ministerio de Bienestar Social''. Este nuevo concepto de comunidad tuvo un enorme eco en la época, y seguramente por ello el modelo esenio tuvo un fuerte impacto en otro movimiento de la época: los primeros cristianos. Según nos lo cuenta el autor de Hechos de los Apóstoles (el mismo autor del Evangelio de Lucas): ``Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y bienes y repartían el precio entre todos, según la nece-sidad de cada uno'' (2:44-45).
Lamentablemente, el tradicional interés judío por los necesitados y desclasados ha dejado lugar a un capitalismo feroz y cruel en el Israel actual, inspirado por modelos macro-económicos carentes de sensibilidad social. El equilibrio del Presupuesto Nacional y de la Balanza de Pagos se convirtieron en valores supremos, olvidando que la riqueza está destinada a mejorar la calidad de vida, y no a destruirla.
Ha llegado el momento de recuperar el sentido por la responsabilidad social, y en vez de preocuparnos por las cuestiones rituales o formales del judaísmo, sería más apropiado tomar en serio las palabras inspiradoras del profeta: ``Si haces desaparecer toda opresión, si no insultas a otros ni les levantas calumnias, si te das a ti mismo en servicio del hambriento, si ayudas al afligido en su necesidad, tu luz brillará en la oscuridad, tus sombras se convertirán en luz de mediodía'' (Isaías 58:9-10).