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miércoles, 18 de julio de 2007

PARASHA DEVARIM por Rav Rubén Semah


Se inicia el quinto libro de la Torá (Sefer Debarim), también llamado Mishné Torá, que significa repetición o repaso de la Torá o Deuteronomio, el nombre grecolatino con el cual se lo conoce entre las naciones del mundo. Toda la enseñanza de Di-s y de Su Torá, Sus preceptos son repasados y explicados al pueblo por Moisés en este libro durante sus últimas cinco semanas de vida. Los hijos de Israel se preparan para cruzar el río Jordán e ingresar finalmente a la Tierra Prometida, una etapa en la se requiere de fe, fortaleza y autodisciplina a fin de no desviarse del sendero marcado por Di-s y no sucumbir a la fuerza envolvente del paganismo y de la idolatría imperante en los pueblos vecinos.Moisés les recuerda los distintos hitos de su viaje por el desierto, desde la salida de Egipto hasta el momento actual de su entrada en Eretz Canaan, y los sucesos milagrosos y la protección Divina que siempre los resguardó de contingencias y peligros, aun en aquellas circunstancias en que se rebelaron contra Di-s. Todo el episodio de los espías enviados a Eretz Canaan y sus penosas consecuencias es evocado en esta primera perashá de Debarim, en la cual Moisés habla a la nueva generación que va a tomar posesión de la tierra, explicándoles como aquel pecado causó a toda la generación anterior que deambulara cuarenta años por el desierto y muriera allí, concediendo Di-s tan sólo a sus descendientes el mérito de ingresar a Eretz Israel. Les recuerda a continuación su prolongada estadía en el monte Seir, desde donde, según fueron instruidos, prosiguieron viaje a través de la tierra de Edom, a cuyos habitantes no debían hostigar pues ese territorio había sido dado en heredad a los hijos de Esav. Así también en su travesía a través de Moab, debían guardarse de mostrar hostilidad, ya que esa tierra les fue dada en heredad a los hijos de Lot. Les recuerda luego la derrota infligida a Sijón quien no les permitió cruzar por su territorio, y a Og, rey de Bashán, sucesos que incrementaron el temor de los demás pueblos hacia Israel. Se menciona finalmente que el territorio de Gilhad, al otro lado del río Jordán, fue adjudicado a las tribus de Gad y Reuben, quienes tomarán posesión de él después de luchar junto con sus hermanos en la conquista de la Tierra Prometida. Moisés finalmente alienta a Iehoshúa a no temer a los pueblos que habitan Eretz Israel pues con la ayuda de Di-s los podrá vencer.


2- SOBRE PALABRAS Y REPRENSIONES
"…Del otro lado del Jordán, en el desierto, [sobre lo ocurrido en] el desierto de Arabá, frente al Mar de los Juncos, entre Parán Y Tofel, y Labán y Jatzerot y Di-Zahab" (Debarim/Deuteronomio 1:1)
Rabi Jaim ben Attar, el Or HaJaim (1696-1743, Italia y Eretz Israel) observa que el nombre de estos lugares alude a un rasgo de carácter que Moshé quería enseñar. Por ejemplo, "el desierto" alude a la cualidad de la humildad, como han dicho nuestros Sabios: "Una persona debe siempre comportarse como el desierto" (vale decir, humildemente, en contraposición con la majestuosa montaña o el poderoso río).
Sin embargo, Rabi ben Attar continúa, la humildad no debe ser llevada a extremos. Por ejemplo, una persona no debe decir: "¿Quién soy yo para dar una amonestación a los demás?". Debe, antes bien, ser como la Arabá. La raíz "ayin-resh-bet" significa agradable. Uno debe conducirse de una manera que sea agradable para la sociedad. También alude a "arebut" / responsabilidad. Uno debe sentir una responsabilidad hacia y para con sus semejantes y enseñarles el camino correcto. (Or Hajaim).
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"Estas son las palabras que Moshé habló a todo Israel" (Debarim/Deuteronomio 1:1)
El quinto libro de la Torá, Debarim, se abre con Moshé Rabenu reprendiendo a Israel por sus pasados actos. Dos versículos después dice: "Moshé habló a los hijos de Israel todo lo que Hashem le ordenó", implicando que todo lo que Moshé le había dicho a la nación, incluyendo el reproche, era lo que Di's le había ordenado. Moshé realmente no quería amonestar a nadie pero lo hizo por ser una orden de Di's.
Rabi Mordejai Gifter explica que aprendemos de aquí una importante lección sobre cómo debe ser enseñada la Torá. Cuando uno aprende conocimientos seculares, lo principal es reunir y recordar los hechos, entender la información y aprender a aplicarla. En lo que a aprender Torá respecta, hay un elemento adicional que debe ser incluido y es Irat Shamaim -el temor de Hashem. Este elemento no es una materia que se adiciona al conocimiento de Torá. Es una parte intrínseca de la Torá misma. Si uno posee conocimiento de Torá sin temor de Hashem, entonces no tiene ningún conocimiento de Torá. De modo que, aun cuando Moshé no deseaba reprender al pueblo pues temía que no lo aceptaran, sin embargo Hashem le ordenó hacerlo, porque la Torá no puede ser transmitida sin musar (reprensión). Esto trae a la persona a temer a Hashem y, eventualmente, a amarlo.
Sabemos que no es nada agradable ser reprendido y amonestado. La generación del desierto pudo aceptarlo. Si deseamos crecer y si deseamos que nuestros hijos sigan nuestro camino, debemos darnos cuenta de que eso sólo ocurrirá con musar y con aliento. Sin ello no alcanzaremos nuestro potencial de crecimiento y encontraremos más difícil ayudar a nuestros hijos a permanecer leales. Leemos esta perashá antes de Tishá Be'Ab porque el concepto de reprensión trae teshubá (arrepentimiento, retorno) y la teshubá nos da el mérito de reconstruir el Bet Hamikdash.

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