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jueves, 3 de enero de 2008

CABALÁ:LA LEY DE LA REALIDAD por Rav Michael Laitman



La cercanía o lejanía corporal no es lo mismo que la cercanía o lejanía espiritual.Cuando hay algo que realmente queremos, éste ocupa todos nuestros pensamientos, sentimientos e imaginación.

Como el hacha corta y divide un objeto físico en dos, así la desemejanza en forma separa y divide el objeto espiritual en dos.No se trata de estar cerca o lejos físicamente sino de la equivalencia en forma.Las personas son iguales en forma [cuando] cada una ama lo que la otra ama y odia lo que la otra odia.Prefacio al Zohar (Rabí Yehudá Ashlag)


Fíjate qué curioso es nuestro mundo. Tú y yo nos encontramos a un me­tro de distancia, hablamos, nos vemos, pero ninguno tiene la menor idea sobre los pensamientos y deseos del otro o de dónde real­mente está.


Es posible que en este momento estés pen­sando en otra persona que vive o vivió en algún otro continente o época.


Es sabido que las perso­nas enamoradas llevan con­sigo a su enamorado adon­de sea que vayan. Hablarles es una experiencia realmen­te aburrida; aunque estuvie­ran contigo, sus pensamien­tos están en su maravilloso mundo de los enamorados.


En contraste a esto, si me preguntaras al lado de quién estuve sentado hoy en el tren en camino al trabajo, o al lado de quién estuve parado en la fila para com­prar las entradas de la semifinal de fútbol, segura­mente no podría decirte, porque mientras esperaba en la fila o viajaba en el tren, estuve pensando en otras cosas o personas.


En conclusión, la cercanía o lejanía corporal, no es lo mismo que la cercanía o lejanía en nuestra vida in­terna. Es decir, cuando hay algo que realmente quere­mos o con el que sentimos proximidad, éste ocupa to­dos nuestros pensamientos, sentimientos e imaginación.

Equivalencia natural


Si observamos cómo fun­ciona la ley de equivalencia de forma en la naturaleza, notaremos que no hay nada nuevo aquí. Vemos sólo lo que nuestro sistema de percepción -por ejemplo, el ojo- es capaz de captar por equivalencia de forma.


El ojo humano divisa una longitud de onda que con­cuerda con la gama que va desde el violeta hasta el rojo. Por eso, somos inca­paces de captar una longi­tud de onda más alta que la violeta, por ejemplo, la ul­travioleta, a menos que tengamos un equipamiento apropiado.


La abeja divisa una lon­gitud de onda ultravioleta y de esa manera localiza flores de distintos tipos. Los mos­quitos, en cambio, captan la longitud de onda apropiada a ellos y así pueden dirigir un ataque directo a tus venas. La ley de equivalen­cia de forma funciona aquí de una manera ¡muy tangi­ble!


Sabemos que la realidad está compuesta de múltiples frecuencias que afectan nuestras vidas aunque so­mos incapaces de percibir­las, como la radiación de los rayos X, o las ondas de radio. Si sólo tuviéramos el instrumento adecuado de captación, capaz de trans­formar estas ondas en una longitud adecuada a nues­tros sistemas naturales de percepción -los oídos, ojos, nariz y diversos sensores de nuestros cuerpos- podría­mos reconocer la existencia de estas ondas en el aire.


Por ejemplo, si te pregun­tara si ahora hay alguna transmisión en tu estación de radio predilecta, contes­tarías que no lo puedes saber a menos que prendié­ramos la radio en la fre­cuencia de dicha estación. ¿Qué es entonces lo que se genera en la radio?


El aparato de radio sim­plemente sintoniza la fre­cuencia que ya se encuentra en el aire, incluso antes de prenderla. Luego convierte el mensaje producido por la emisora radial, de una fre­cuencia de onda que no podemos percibir, a una que nuestro oído es capaz de captar.


Cercanos y lejanos


Cuando usamos el térmi­no cercano, nos referimos por ejemplo a la tía Juanita que vive en Buenos Aires o a José, el hijo de Rosa, la hermana de la abuela. A veces también usamos ese término para enfatizar la cercanía de ideas entre no­sotros, como cuando ambos creemos que es necesario un cambio social en el país. Otras veces, este concepto se usa para expresar la medida de amor recíproco entre nosotros; por ejemplo, al pensar y desear que el otro tenga una vida buena y agradable.


¿Qué es entonces, la cer­canía espiritual?


La equivalencia de forma espiritual


En el mundo espiritual funciona la ley de la equi­valencia de forma, sólo que en el mundo espiritual no se habla de la igualdad de frecuencias u ondas, sino de una semejanza o desemejan­za de intenciones.


En el mundo espiritual se miden sólo las intenciones (los pensamientos). La naturaleza del hombre es pen­sar en sí mismo y su propio provecho, mientras que la Fuerza Superior que dirige nuestras vidas y toda la realidad, actúa sólo por amor; para dar, otorgar.


Así, en el plano espiritual existe una inversión de for­ma entre el ser humano y la fuerza que dirige nuestras vidas. Por lo tanto, si nues­tro deseo es conocer y entender el Gobierno sobre el mundo, tendremos que adquirir el atributo de otor­gamiento. Mientras sigamos pensando sólo en nosotros mismos y en nuestro benefi­cio, no podremos saber las causas de lo que ocurre a nuestro alrededor y dentro de nosotros, ya que queda­remos en un estado opuesto al de la Fuerza Superior.


Sólo si encontramos la manera de elevarnos por encima de nuestro egoísmo, liberándonos de la auto-preocupación, alcanzaremos la medida de equivalencia de forma, como dijeron nuestros sabios: Así como Él es misericordioso, tam­bién tú serás misericordioso; así como Él es piadoso, también tú serás piadoso.
Así penetraremos en un mundo nuevo, de otorga­miento, generosidad y amor. Por consiguiente, lo­graremos experimentar el bien y la felicidad; ¡la Meta principal de la Creación